Focus For Kids

“Para mí, lo más importante es que los niños de nuestra comunidad puedan venir a verlo en persona y le conozcan de primera mano. Que le vean jugar, que le vean entrenar y, con suerte, que pueda inspirar a futuras generaciones de tenistas, futuras estrellas del deporte, gente de negocios, cualquier que simplemente se inspire al ver a uno de los mejores del mundo en su disciplina”, comparte el director del ATP de Washington que se disputará este verano del 31 de julio al 8 de agosto, y al que Nadal acudirá por primera vez.

“Es una figura que trasciende del tenis, trasciende incluso del deporte. Estamos ante una de esas personas que con solo su nombre, solamente diciendo Rafa, ya se sabe de quién estamos hablando”, exulta Mark Ein, el hombre más feliz del mundo desde este pasado jueves. 

Algunos luchan por buscar referentes para los niños de su entorno. Los hay entre deportistas más que en otros ámbitos, no sé por qué.. Ahora tendremos en Tokio a gente como Kevin Durant o la gimnasta Simone Biles, ejemplos de superación y de actitud. Pero hay que hacerles eco en los medios y en tu país o traerlos a tu ciudad. Enfocar la atención de los niños ahí. Porque, si no, autoridades, prensa y otros acabaremos hablando de youtubers y tik-tokers.

Adrianey Arana

What’s up!

Ese maravilloso invento que nos mantiene comunicados sin coger el teléfono ni escribir cartas y a la familia unida: el Whatsapp. Nos ha alegrado la pandemia, el cotilleo, el criticar al que sube bromas sin parar, que luego eliminamos o no porque nos han gustado. Y dicen que nos hace escribir y leer 1 ó 2 horas al día. O sea, que leemos y escribimos más que nunca jamás.

Al whatsapp hay que sacarle más partido con los niños en el coche.  Por ejemplo, le dejas el móvil al niño y le dices “ponle a tu tía que estamos saliendo”, “felicita a la abuela”.  Pero que lo redacten ellos, con frases, no con emoticonos. Sin dictarles el mensaje literalmente. Así piensan y crean. Y nos sirven de secretario. Con mayúscula al principio y en los nombres propios. Con tilde. Con signos de interrogación antes y después. Con exclamación antes y después y solo una al final, ¡no varias!!!!

Este truco le ayuda al niño a escribir más que mil cuadernillos de verano. “No pongas OK, pon otra palabra”; y que la piensen: de acuerdo, perfecto, vale. “Ahora pregúntale a tu madre que, además de leche, qué había que coger… pero en inglés”. O en galego. Y lo hacen con nuestro móvil, porque ellos “no tienen”. Mejor clase de Lengua en verano no van a tener. Escribir. He comprobado que les encanta “escribir” con el whatsapp.

Además intuyen los mensajes y el remitente sin mirar. Más de una vez ha sonado el avisito de mi móvil encima de la mesa en clase y alguno ha saltado: “es mi madre… para lo que te dije…” Y un día le contesté al niño de 6 años que llevaba una hora para hacer una frase con “granjero” y “manguera” o “vaca”, no me acuerdo: “pues, venga, cógelo y contéstale tú, a ver qué tal”. Tecleó:  “Gracias, fulanita, ya se lo recuerdo a tu hijo antes de salir, no te preocupes. ¡Un gran saludo!” Le puse un 10: What’s up!

Adrianey Arana

Photo by McKaela Taylor on Unsplash

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“Lo que hacemos en verano…”

Los veranos son más educativos que el curso escolar. Los niños son más libres, crecen, juegan y se aburren. Sus experiencias son vitales, no virtuales. No aprenden de una clase, sino de la vida, del pueblo, del campamento, de la tía o del abuelo, de los primos o amigos. Y mucho de lo que llaman “monitores“.

Algunos hechos de la vida de los niños ocurrirán por primera vez en verano. Lo más importante: la primera salida de casa, el primer amigo, la primera decisión, el primer amor…, estrenar la bicicleta, o aprender a nadar. Los niños vuelven con otra mirada al curso siguiente del colegio. El que vuelve de un viaje no es el mismo que el que se fue, dicen los chinos.

Nada hay mejor en el mundo que los felices veranos de la infancia, pero el ritmo de vida profesional lo impide y se necesitan campamentos. Y son momentos decisivos. Y ahí están esos “monitores”, jóvenes normalmente generosos y entregados, divertidos y atractivos. Muy preparados en sus técnicas y aficiones. Expertos animadores juveniles.

Pero son “profes de verano” y por eso es muy importante elegir bien el campamento, sin prisas, igual que hemos elegido con tiempo los colegios de los hijos. Hoy los campamentos son una actividad esencial del verano y ya no son una actividad pirenaica. Urbanos, diarios y algunos muy profesionales. Y eso hay que buscar. Algo serio, con experiencia, sano, divertido, deportivo o robótico, pero en manos de “monitores” de los de verdad, sin jugárnosla.

Y lo mismo valdría para las familias que dejan a sus teenagers de high school en manos de agencias y organizadores de eventos o macro-eventos juveniles y viajes como el del megabrote de Mallorca de este fin de curso. No hay más que leer lo que les decían las profesoras de algunos de esos alumnos antes del viaje: “Os vais a Mallorca en busca del coronavirus después de que durante meses, en el instituto, nos hayamos dejado la vida para que no os contagiéis y no contagiéis a vuestras familias”.  Pero la culpa no fue de ellos… parece ser que fue de nadie, del verano.

Como diría Máximo a sus chicos en el “campamento” de Gladiator, ‘lo que hacemos en verano tiene su eco en la eternidad’.

Adrianey Arana

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Si tienes 6 ó 7 años y tus padres quieren que leas

  • 16 olímpicos muy, muy importantes (César García Fdez.)
  • El bote del Dr. Bombard (Jordi Sunyer)
  • Herbario (Adrienne Barman)
  • El fantasma de la casa de al lado (Iñaki R. Díaz)
  • Mi primer viaje por Europa (Pascale Hédelin)
  • Max Burbuja. Dejadme en paz (El Hematocrítico)
  • Dinosaurios asombrosos (Joshua George)
  • El Gato Garabato (Dr. Seuss)
  • Así es Santiago (Fermín Solís)
  • Perro apestoso va a la playa (Colas Gutman)
  • Maravillosos vecinos (Hélène Lasserre)
  • Agus y los monstruos (Jaume Copons)

Adrianey Arana

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A monte

     “Ahí os va”. Es cómo te suelen entregar los padres a sus niños en septiembre en el colegio. “Ahí os lo dejo” dicen claramente algunas mamás. También está el “todo vuestro” de papás sacudiéndose las manos. O el “viene como viene”, o sea, que no les ha dado tiempo a concienciarlo. “Hace tres meses que no se pone zapatos”. Y no faltan sorprendidas mamás porque el niño crece y crece y “me estoy quedando sin niño”.

     Los pequeñitos nuevos y sus padres llegan al cole en estado hipnótico.“No ha dormido”. Más animante, claro, para el profe que el “viene dormido” o “no sé cómo he logrado levantarle”. Pero no tan sincero como “la que no ha dormido he sido yo”. Y ya sin complejos: “se ha pasado el verano sin hacer nada (?) …o sea, de escribir y eso”. “Llega directamente de la aldea con los abuelos… sin horarios”, descargando en este caso la culpa en los benditos abuelos. “Allí hace lo que le da la gana”.

     A monte. Así tienen que venir los niños reales al colegio. Y menos mal que están a monte. Es decir, sanos, fuertes. Tostados de más. Agrestes. Con arena en las orejas. Vivos y coleando. Aburridos de helados. Mirando con los ojos. Deseando nuevos escenarios. Digo menos mal porque lo bueno es la vida, no la escuela. Y si el colegio no es vida, es papeleo. Y así es la vuelta al cole sin filtros de instagram. Y así será luego la vuelta a casa: felices y contentos. Eso sí, poco a poco con alguna habilidad más para esa vida de ahí fuera, que cada día tiene más algoritmos.

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