Y se acaba el problema

“La vuelta al cole puede ser positiva porque ayudará a los adolescentes a insertarse en la rutina de unas medidas de protección que en verano son más difíciles de seguir. En la escuela, los chavales están obligados a llevar mascarilla, no hay otra posibilidad, y se acaba el problema”. Palabras de Quique Bassat, asesor del Gobierno.

Menos mal que en los colegios les obligan a portarse bien, a respetar a los compañeros, ordenar el material, convivir con los diferentes, dialogar, no insultar, no gritar, pedir la palabra, traer la autorización oportuna, pedirse perdón, recoger papeles, reciclar la basura, limpiar playas, usar la tecnología con sentido, limitar el uso del móvil, tener un horario… “y se acaba el problema”.

La vuelta al cole será “positiva” porque hemos redescubierto que las normas y protocolos,  las rutinas y los obligaciones educan. Poner límites educa.

Y a pesar de las críticas y quejas ante la enseñanza en nuestro país, también hemos descubierto que los institutos y colegios ayudan a los jóvenes a “ser educados”. Y que eso es la educación, no sólo los resultados académicos. 

Adrianey Arana

Photo by Yasmin Dangor on Unsplash

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A monte

     “Ahí os va”. Es cómo te suelen entregar los padres a sus niños en septiembre en el colegio. “Ahí os lo dejo” dicen claramente algunas mamás. También está el “todo vuestro” de papás sacudiéndose las manos. O el “viene como viene”, o sea, que no les ha dado tiempo a concienciarlo. «Hace tres meses que no se pone zapatos”. Y no faltan sorprendidas mamás porque el niño crece y crece y “me estoy quedando sin niño”.

     Los pequeñitos nuevos y sus padres llegan al cole en estado hipnótico.“No ha dormido”. Más animante, claro, para el profe que el “viene dormido” o “no sé cómo he logrado levantarle”. Pero no tan sincero como “la que no ha dormido he sido yo”. Y ya sin complejos: “se ha pasado el verano sin hacer nada (?) …o sea, de escribir y eso”. “Llega directamente de la aldea con los abuelos… sin horarios”, descargando en este caso la culpa en los benditos abuelos. «Allí hace lo que le da la gana».

     A monte. Así tienen que venir los niños reales al colegio. Y menos mal que están a monte. Es decir, sanos, fuertes. Tostados de más. Agrestes. Con arena en las orejas. Vivos y coleando. Aburridos de helados. Mirando con los ojos. Deseando nuevos escenarios. Digo menos mal porque lo bueno es la vida, no la escuela. Y si el colegio no es vida, es papeleo. Y así es la vuelta al cole sin filtros de instagram. Y así será luego la vuelta a casa: felices y contentos. Eso sí, poco a poco con alguna habilidad más para esa vida de ahí fuera, que cada día tiene más algoritmos.

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Olor a libro nuevo

 

    El olor a libro nuevo de septiembre es otra noche de Reyes. El inicio de las clases, la ilusión de  estrenar, las historias que vendrán… Mamás que sueñan y dejan a sus hijos con los ojos brillantes. Niños dormidos absolutamente despiertos. Zapatos nuevos. Mochilas con dibujos y colores. Padres que respiran y confían en su hijo.. no en el colegio, ni en los profesores, ni en el sistema. Saben que su niño o niña se hará mayor.

      Horarios cambiados, nervios, rutinas que todavía no lo son, pero que mamá quiere que sean. "Papi te quiere mucho" repiten algunos como en el andén de una estación. "Tu familia no te olvida"… casi. Porque el niño inicia  su mundo, no el de ellos. Empieza de nuevo el camino hacia su propia vida. Pero eso mismo, aunque cueste, es lo que sus padres desean. Y que sea feliz.

      No comienza esta semana la vuelta al cole, ni el descanso de los padres, ni la actividad escolar: recomienza la ilusión de una niña o de un niño que quiere volar para regresar al nido en un vuelo cortito, pero con sus alas. Y mirar con sus ojos. Y aprender la libertad.

(Adrianey Arana)

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Feliz vuelta al cole

“¡Voy a llegar antes y voy a aprender más que túu!” le retaba un niño a otro al salir corriendo a clase del coche de sus padres. Me sorprendió su inocente competición e ilusión por aprender. Niños, con la mirada brillante y feliz.

Hay dos días en el año que relucen más que el sol en los ojos de los niños: la noche de Reyes Magos y el día de la vuelta al cole. Compensan la tristeza de los miles de niños abandonados, maltratados, refugiados o muertos por las guerras. Un buen reportero que captase la luz de este día en una foto podría equilibrar las imágenes del horror a las que el verano nos tiene acostumbrados.

Los maestros saben que los niños son siempre iguales, ni mejores ni peores que otras generaciones. Saben que en ellos hay esperanza. Quieren aprender y dialogar, convivir y jugar al juego de la vida. Somos los mayores quienes no comprendemos a veces, quienes complicamos su vida y la educación con nuestros prejuicios, miedos y obsesiones. No acertamos a hablar, a preguntar, a valorar y entender.

Recuerdo mi recibimiento a un nervioso niño con su madre en un primer día de colegio. “Y tú, ¿cómo te llamas?”, le pregunté tendiéndole la mano. “Fran”, me contestó. Mi veloz memoria no lo situaba en las listas. Miré de reojo a la sonriente madre en busca de auxilio, pero nada. Estaba en éxtasis observando a su retoño tan limpio. Le dije al niño: “¡Hombre, Fran! ¿Fran… qué más?”. A lo que me contestó correctamente: “Cisco”.

Si nos ponemos a la altura de los niños y de las ilusiones de sus madres tan cargadas de esperanzas, todo irá bien. Y este mundo mientras tanto será mejor.

Adrianey Arana

Foto de I. de L.

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«¿Nunca has visto ninguna?»

 


"¿Nunca has visto ninguna?"

Comencé a observar boquiabierto la puesta de sol sobre la ría de Arosa: no tenía -ni tengo- palabras. En la terraza también descansaba un amigo, ingeniero, mirando un libro. Le dije «mira, fulano, ¡qué maravilla de puesta de sol!». Levantó un poco los ojos y volvió a su libro desinteresadamente mientras decía «¿nunca has visto ninguna?»

No sé si será que me gusta ver lo bello infinidad de veces, aunque sea lo mismo, porque nunca es lo mismo. El caso es que también me gusta ver una película varias veces: con mis amigos, con mi madre, con mi hermana, en casa. Y la vas disfrutando. Nunca es igual. «Esta peli ya la vi -siempre suelta alguien- ¿no tienes otra?» Pero cuando la vemos de nuevo, es distinta. Te das cuenta de los gestos del actor, de alguna escena acertada, o de que te sabes una frase que te ha calado.

Ahora estoy leyendo una preciosa novela que ya había leído hace muchos años. No me acordaba de nada. Sólo de que me había gustado, creo. Y estoy saboreando cada rato de lectura. En primer lugar porque todo me parece nuevo, y en segundo lugar porque es una buena novela. Y lo bueno, si largo, dos veces bueno.

Pues lo mismo me pasa con la «vuelta al cole». Ese día de septiembre es especial para los niños, pero sobre todo para nosotros los profesores. No hay clases que prepares más que las de ese día. Todo está pensado para recibir a tus nuevos alumnos, o a los del curso pasado, y ser feliz ese año con ellos. Tendríais que ver sus caras… cada año, el primer día. Tendríais que verlo. Sólo sucede una vez al año.

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