A cambio de un chiste

– Una caña -pedí a una cara desconocida-. ¿Nuevo por aquí?

– Mi restaurante cerró por el covid y me busqué esto. Me hablaron de aquel tipo -me señala a un camarero que se movía entre las mesas-, que era un crack y quería venir a trabajar con él.

– Ese tipo -le susurré- es rápido y quiere a los clientes, siempre sonríe y no suele estar por la barra… Y también tiene problemas.

Esa misma mañana en el colegio dos niños vinieron a pedirme si les prestaba el cargador del portátil.

– A cambio de un chiste -le pedí a uno muy gracioso. Y me contó uno regular.

– Bueno, le voy a contar otro- y claro, era un poquito más de mayores. Me partí y ellos más. Y se fueron con el cargador.

No todo se arregla con dinero. A mal tiempo, buena cara. Que con el humor es la única moneda de cambio para cuando llueve sin parar desde hace años.

Adrianey Arana

Photo by Rupinder Singh on Unsplash

Lo que viene siendo la familia

– Estamos sentados en pareja pero no somos pareja

– …

– Ya me entiende.

Lo dicen dos niños que cumplen 6 años al profe que mañana cumple 60. A veces uno no sabe… hasta dónde el niño… Y te quedas como… 

Por eso luego… como hablando se entiende la… decidí que les preguntaría…

Perplejo también me deja el diccionario de la “Realacademiaespañola” que dice que pareja es pareja… ya se entiende… “cada una de las personas, animales o cosas que forman una pareja”, incluyendo el significado en el significante. Y me quedo a cuadros, en el sentido de…

Pues eso. Que cada palabra tiene su… y nunca sabes… “Yo por ejemplo“, cuando les quiero explicar algo…así un poco… como más profundo o humano… también uso a veces ese método de…

Y les digo que mamá y papá son más que una pareja… ya me entendéis… A ver, al menos según el diccionario. Y que se quieren mucho y tienen hijos y que eso es una familia, ya sabes…

Les pongo ejemplos de la naturaleza. “Como las familias de la pata, el pato y los patitos, que todos juntos van juntos por el lago, ya me entendéis…”. O como otras familias de animales que vienen en el libro. “¡Qué bonitos los dibujos de las familias de animalitos… a ver… con el león, la leona y el pequeño cachorrito-rey-león… y así todo lo que viene siendo la familia de…

No sé si me pilláis… Es por no… Que hay gente que luego…. Pero bueno.

Adrianey Arana

Photo by Ben Hummitzsch on Unsplash

Café para todos

Ayudas de hasta 500 euros por cada perro que se adquiera para alejar lobos, ayudas para arreglarse la boca, para restaurar hórreos en Galicia. Ayudas del gobierno vasco para comprarse bicis eléctricas, en Cataluña para construir piscinas naturales de diseño (los ricos supongo). Más subvenciones para clubs deportivos y sus filiales y para promover “la enseñanza del euskera por motivo del Covid-19” ¡en Navarra!

Variadas y curiosas ayudas y subvenciones a ojos extraños para asuntos que bien podría pagarse cada uno de su bolsillo. Pero salen del erario público porque hay que impulsar la iniciativa de la gente. 

Sin embargo Navarra y Cataluña han decidido retirar las ayudas a las parejas que buscan para su prole una educación diferenciada alegando que no favorecen la igualdad y hay que luchar contra la violencia de género. Pero la pregunta es: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Un poco quijotesco el argumento ante la diversa realidad social en la que vivimos inmersos y en la que hórreos, perros y lobos conviven con bicis eléctricas, brackets, covid y euskera. 

“Vivamos como galegos”, navarros, catalanes, chicos y chicas y apoyemos lo que ya funciona, nos guste o no. Y ayudemos a las nuevos gobernadores de ínsulas a abrir los ojos a esta realidad. Y dar marcha atrás en lo del mismo café escolar para todos.

Adrianey Arana

Photo by Nathan Dumlao on Unsplash

El susto

El niño de 5º Primaria de un colegio público de A Costa da Morte estaba mudo. Su madre muy entera con alguna herida. Acababan de salir por las ventanillas. El coche boca abajo, con trozos desperdigados por la autovía y todos los cristales rotos. El techo hundido. Despojos del maletero por el asfalto. Humo y silencio.

Paramos los que íbamos detrás. Intentamos ayudarles, avisar. Ambulancia, Guardia Civil, bomberos. La madre lo llevaba a un cumpleaños. Él iba con muletas porque hace unos días se lesionó jugando al fútbol. Estaba muy asustado. Pude ver el miedo en su cara. Y quise quitárselo.

Mientras le atendían hablamos del cole, del fútbol, de los deberes, de la nueva profe que es muy buena. De su mundo normal y de su vida. La chica de la ambulancia le sonreía. Intentamos quitarle el shock, el susto, el miedo… Pero no es difícil olvidar esa cara en un niño. Le pregunté: «¿Estás asustado, verdad?»  Asintió. «No te preocupes, soy maestro». Y sonrió.

Están bien. Les he llamado.

Adrianey Arana

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Botellín y botellón

«Soy vegano, pero no practicante» dice un conocido mientras se toma un chuletón. Pero lo es y muy creyente.

También los adolescentes «sostenibles», seguidores de Greta Thunberg y que reciclan botellines en el instituto son los que dejan toneladas de plástico en el botellón cada fin de semana. No son muy practicantes. Son defensores del medio ambiente, pero no lo defienden.

Y esta es la paradoja de algunas convicciones y aprendizajes: son humo, redes sociales, selfies, instantáneas efímeras.

Parece que donde haya un chuletón y un botellón no hay nada que hacer. Pues si hacemos la enseñanza más «real» y nuestra vida menos digital, quizá descubramos que la virtud es la realidad. Y lo demás es postureo.

Adrianey Arana

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