Y se acaba el problema

“La vuelta al cole puede ser positiva porque ayudará a los adolescentes a insertarse en la rutina de unas medidas de protección que en verano son más difíciles de seguir. En la escuela, los chavales están obligados a llevar mascarilla, no hay otra posibilidad, y se acaba el problema”. Palabras de Quique Bassat, asesor del Gobierno.

Menos mal que en los colegios les obligan a portarse bien, a respetar a los compañeros, ordenar el material, convivir con los diferentes, dialogar, no insultar, no gritar, pedir la palabra, traer la autorización oportuna, pedirse perdón, recoger papeles, reciclar la basura, limpiar playas, usar la tecnología con sentido, limitar el uso del móvil, tener un horario… “y se acaba el problema”.

La vuelta al cole será “positiva” porque hemos redescubierto que las normas y protocolos,  las rutinas y los obligaciones educan. Poner límites educa.

Y a pesar de las críticas y quejas ante la enseñanza en nuestro país, también hemos descubierto que los institutos y colegios ayudan a los jóvenes a “ser educados”. Y que eso es la educación, no sólo los resultados académicos. 

Adrianey Arana

Photo by Yasmin Dangor on Unsplash

Joseba, maestro de maestros

Ayer falleció Joseba, maestro de 1º Primaria en Montecastelo (Vigo). Colega y amigo, con carpeta de Dropbox compartida. Había creado “Catedráticos 1º Primaria” y “1º Primaria Celta-Depor” para pasarme recursos, aunque él decía “para compartir”. Hablamos mucho de niños y padres durante los últimos veranos. Nos unía también el haber nacido en el 61, una cosecha excelente.

Me animaba a ser exigente con los niños y con los padres. Era duro, pero alumnos, familias y compañeros le adoraban. “Yo les pongo este video a los padres a principio de curso (enlace) y les digo que se fijen en el padre, no en el niño”. A los alumnos de 1º les enseñaba a llevar una carpeta vacía a casa todos los días. Cuando ya se acostumbraban y se emocionaban les ponía ahí los deberes. Y les motivaba y exigía a usar diariamente una agenda escolar en la que apuntaban ellos y sus padres. Algunos sin casi saber escribir todavía.

Ordenado y trabajador. Me enseñó a llevar muchos controles de seguimiento de los alumnos. Le llamaba, le mandaba fotos de mi aula y él de la suya. Me resolvía dudas. Me aconsejaba por el móvil. Sabio, mago de magia de verdad. Con un canal de youtube que los niños seguían en el confinamiento… y los padres y los amigos.

Se nos ha ido al Cielo de repente. Alguna broma hará con esto desde allá arriba. Me consuela que me haya dejado tanto y la esperanza de seguir “compartiendo” cosas en “la Nube”.

Adrianey Arana

De color son ellos

“No somos de color, somos negros. De color son ellos, que cambian más de color que el sol”. Ana Peleteiro habla con naturalidad, humor, sin sentido de lo correcto o no, con acento gallego fresco y sin pensar. Espontánea. Española, africana, gallega, de Guadalajara. Da lo mismo. Libre como una leona. Es la respuesta a los que exclaman ¡¿española?! cuando una persona no blanca gana una medalla para España. La respuesta a esos que solo cuentan las medallas de los blancos.

“Yo soy creyente, aunque no sea muy practicante de ir a misa todos los domingos. Pero yo soy creyente y me hizo muchísima ilusión estar en el Vaticano. De hecho, yo quería ir a la misa santa del Papa. Y me enfadé muchísimo porque el Papa la oficia los miércoles. Yo estaba toda contenta por estar el domingo en Roma e ir a la misa del Papa. ¡Y el Vaticano el domingo cierra, no está ni abierto! Dije: «No me lo puedo creer». Y justo el miércoles era el día que me iba a la costa Amalfitana y no pude ir a la misa del Papa. Una pena. Me haría ilusión porque este Papa me gusta mucho. Pero, bueno, para la próxima” (La Voz de Galicia, 23 May 2020).

Su referente, igual que el de Adriana Cerezo, es Rafa Nadal. Y ya se ve que este Papa también le encanta. Y su abuela gallega de la aldea, que era una crack. Y el libro que leyó de Marian Rojas. Creo que Tokyo-21 es lo mejor que nos está pasando desde el Covid-19.

Adrianey Arana

Médicos con fronteras

Si operan a un familiar y esperas horas a que salgan las cirujanas. Si acompañas el postoperatorio con sus dudas y percances. Si observas las miradas y los gestos precisos de las enfermeras. Si atiendes y absorbes la información prudente que dan los médicos cuando pasan. Si, ademas, ves que a su alrededor el covid mantiene su amenaza… 

Pues si ves todo esto, es que estás delante de los médicos normales y corrientes que no salen en las noticias. No son ni pretenden ser estrellas de cine o de series de televisión. Cumplen su labor diaria dentro de nuestras fronteras. Trabajan con una presión extraordinaria que para ellos es asombrosamente rutinaria. Precisión, concentración, profesionalidad y discreción. Todo trabajo bien hecho es un servicio a las personas, pero en los médicos se multiplica.

Aunque en los momentos duros aplaudamos a los sanitarios, cada día se merecen muchos “gracias”, que casi nadie se los da al terminar una cirugía. Por su profesionalidad y ciencia en sí misma. Si además alguna de esas doctoras o investigadoras saca unos minutos para ver y alentar a un paciente amigo. Y le sonríe. Y pone un rostro humano a una bata blanca o a un mono verde, si todo eso pasa, porque pasa, es para pensar que “la sonrisa en el rostro lleva la alegría al alma” y al cuerpo. Y el trabajo.

Gracias, Materno Teresa Herrera: !CHUAC, chuac! 

Adrianey Arana

Adriana Cerezo, gracias

“Mis padres siempre me dijeron que para seguir haciendo taekwondo tenía que cumplir en los estudios y ha ido muy bien la verdad. Se puede perfectamente compaginarlo. El tiempo que estarías en el sofá viendo la tele, pues estudias. Si es que hay tiempo para todo, al final es organizarse bien”. Adriana Cerezo nos ha dado una lección con la primera medalla olímpica.

Mientras nosotros estábamos pendientes de sus compañeros de 17 años que han tenido un año “superhorrible” de estudios con covid, sin salir ni viajar, con un bachillerato “complicadísimo”… esta chica saca un 13 en selectividad, viaja… a Tokio, sonríe, le agradece a su abuelo y a sus padres lo que la quieren. Y a su entrenador. Y a sus amigas. Y no se queja ni de su derrota en la final por unos segundos. 

La medalla de plata la va a enmarcar para su abuela a cambio de una croquetas y una tortilla de patata. No anuncia que vaya ‘a seguir persiguiendo sus sueños’ o cosas así. Su entrenador le decía antes del combate final que era  importante ganar pero más cómo ganamos. Por eso Adriana manifestaba con alegría que no podía quejarse de la villa olímpica -como lo hicieron otros deportistas- y por eso disfruta y sonríe. Y nos ha dado más que una medalla.

Adrianey Arana

Foto: Unsplash

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