Funcionan

Algunos no saben si los colegios que separan por sexo son buenos. Pero cuando la tercera parte de los varones de este país ha cargado secundaria y el 20% bachillerato y ves que en esos colegios no, que todos aprueban todo y la selectividad, pues hay que pararse. Ahí lo dejo…

Si lo importante es la igualdad, parece que algunos así lo logran. Si hay que respetar la diversidad, cuanto más diversa mejor y cuanto mejor, más diversa. Si hay que promover la sostenibilidad, parece que con poca ayuda se mantienen y son muy eficaces, casi totalmente.

Pues sí, muchos países están volviendo o respetando los colegios separados en la enseñanza pública. Ahora en España no los entendemos a la primera, porque aquí vemos la escuela como un lugar de convivencia para hijos y familias, más que como un lugar de aprendizaje.

Pero «funcionan». Y las madres y los padres de esos alumnos también están contentos, muy contentos. O más contentos. Ahí están las notas. Y los amigos.

Adrianey Arana

Foto de Charu Chaturvedi en Unsplash

Hacia la igualdad educativa y más allá

Hace unos años visité un coqueto colegio Montessori en Manhattan. Pequeño, práctico y acogedor, a pesar de estar en medio de la gran manzana. Con ese inconfundible toque “montessori” cálido y pedagógico. Y cuyo único objetivo es que los alumnos -¡inmigrantes la mayoría!- aprendieran. Me sorprendió ver que los niños de distintas edades compartían la misma aula con naturalidad. El colegio era «un aula». Hacia la igualdad «and beyond!» como animaba Buzz Lightyear.

Varios centros en Europa también han iniciado proyectos y metodologías de educación “específica”. Algunos han consistido en separar en distintas aulas a las niñas de los niños de algún curso enfocándose a lo mismo pero con un aprendizaje no mixto. Los profesores varían sus metodologías con chicos y con chicas de modo sutil, práctico y «específico”.

Los resultados en alguna evaluación no mixta resultan notablemente mejores que cuando estaban juntos, disminuyendo sobre todo los suspensos en varones. Las notas altas también son más numerosas tanto en chicos como en chicas y mejoran las pruebas externas oficiales o estatales así como la evaluación de las principales competencias según las recomendaciones de PISA.

El fracaso escolar masculino, del que hablaba hace poco Mary Curnock Cook, la ex directora de UCAS, la plataforma de admisión a las universidades británicas, es casi inexistente en estos proyectos. 

Están comprobando que es un modelo educativo razonable en determinados casos, orientado a la igualdad efectiva, que la educación diferenciada facilita la igualdad de oportunidades y crea entornos educativos donde los alumnos se encuentran felices. 

Ya se ve que los caminos para la igualdad no son iguales. Sería de esperar que algunos centros públicos puedan poner en marcha este tipo de proyectos sin que se vean obligados a un único modelo en todo el país. La coeducación obligatoria siempre y por principio no siempre es el camino más rápido o más corto para la igualdad.

Y vuelvo a New York, donde Eric Adams, el desde hace dos meses nuevo alcalde demócrata de color, ha nombrado concejal de la educación pública de la ciudad, la más grande de todo el país, a David Banks, fundador de la famosa Academia Eagle, una red de escuelas públicas sólo para chicos varones. 

Adrianey Arana

Photo by 🇸🇮 Janko Ferlič on Unsplash

Café para todos

Ayudas de hasta 500 euros por cada perro que se adquiera para alejar lobos, ayudas para arreglarse la boca, para restaurar hórreos en Galicia. Ayudas del gobierno vasco para comprarse bicis eléctricas, en Cataluña para construir piscinas naturales de diseño (los ricos supongo). Más subvenciones para clubs deportivos y sus filiales y para promover “la enseñanza del euskera por motivo del Covid-19” ¡en Navarra!

Variadas y curiosas ayudas y subvenciones a ojos extraños para asuntos que bien podría pagarse cada uno de su bolsillo. Pero salen del erario público porque hay que impulsar la iniciativa de la gente. 

Sin embargo Navarra y Cataluña han decidido retirar las ayudas a las parejas que buscan para su prole una educación diferenciada alegando que no favorecen la igualdad y hay que luchar contra la violencia de género. Pero la pregunta es: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Un poco quijotesco el argumento ante la diversa realidad social en la que vivimos inmersos y en la que hórreos, perros y lobos conviven con bicis eléctricas, brackets, covid y euskera. 

“Vivamos como galegos”, navarros, catalanes, chicos y chicas y apoyemos lo que ya funciona, nos guste o no. Y ayudemos a las nuevos gobernadores de ínsulas a abrir los ojos a esta realidad. Y dar marcha atrás en lo del mismo café escolar para todos.

Adrianey Arana

Photo by Nathan Dumlao on Unsplash

En un cole normal

La puerta de urgencias del hospital está detrás de la portería del campo de fútbol de mi colegio. Sólo una estrecha calle y una malla separan un golazo de un ingreso por ambulancia. Un día se presentó en el cole un señor muy airado con una balón bajo el brazo y las gafas rotas en la mano. Quería ver al director porque según salía de ser atendido en urgencias no sabe lo que pasó… Recibió un impacto en la cara y le saltaron las gafas por el aire. Desde luego, no era su día. En el cole era un día normal.

Anécdotas propias de todo colegio. Cualquier colega podría contar del suyo. El mio es un colegio solo de chicos. Tiene parejo otro de chicas. La vida diaria en ellos es bastante normal, el profesorado agradable, joven y dinámico, trilingüe y lleno de proyectos. Algunos de ellos no han estudiado nunca en coles solo de chicos o solo de chicas. Pero no ven nada extraño, porque no lo hay. Todo es normal.

Los alumnos trabajan y conviven con paz y tranquilidad. Algunos con más paz y éxito escolar que en un cole mixto, también normal. Hay familias que a veces prefieren que uno de sus hijos esté en un cole de estos (o sus hijas) y otro no, o lo prefieren durante una época de su vida nada más. Y les va muy-muy bien. En general, el que prueba, se queda. Pero también hay movimiento, como en toda ciudad.

A mis amigos les gusta ver que los chicos solo con chicos son normales. Por ejemplo, aunque los adolescentes son hoscos, el conductor de bus urbano que para delante del colegio afirma que “todos te dicen siempre buenos días, no sólo pasan la tarjeta”. Seguro que lo hacen en todas las paradas que tengan institutos y colegios cercanos, pero aquí también lo hacen. Y eso te alegra.

Aprenden mucho. Las chicas más en su cole porque a esta edad escolar ellas baten récords. Y lo chicos están muy contentos y no existe apenas el fracaso masculino. Se conocen entre unos y otras, claro, y salen también con los de otros coles. Y eso me gusta. Que cuando vas por la ciudad los fines de semana y andan por el tontódromo local, ellos y ellas muy de modelitos ambos, te saludan “adiós D. Fulano” y le dicen a sus amigos que es un profe del cole. Y eso me gusta.

Una vez iban varios en carnavales con mono azul, capucha, careta y chiringando con agua a la gente en plan bromista… un grupo del que te apartabas. Me vinieron, se me plantaron delante, se quitaron la careta y me saludaron “hola, ¿a que no nos reconocía?” Les dije “portaos bien, chicos”, y me encantó. Y más a los señoras que venían conmigo.

Pues sí. Son coles de chicos y coles de chicas. Normales. Conocidos por todos. A los que todo el mundo quiere y respeta. Y esa es la realidad de muchas ciudades del mundo. Esa es la calle.

Hace poco en un partido de fútbol de un famoso torneo organizado por otro centro escolar, el delantero del equipo contrario le metió 8 goles a nuestros pequeños, que terminaron desolados. Felicité al padre del genio en las gradas. Y me dijo: «pues la verdad es que no está en vuestro cole porque no había plaza ese curso». Estuve a punto de llamar al representante de Messi y al director de mi centro y ficharlo por varios millones. O sea que todo muy normal. Hoy aquí y mañana allí.

La comunidad educativa de una ciudad de provincias suele ser tranquila. Todos nos conocemos. En mi cole hay gente y familiares e hijos de todos los colores. Algún jefe de Marea (Podemos), PSOE, Ciudadanos, PP, BNG, VOX, etc. han tenido o tienen familiares o amigos que trabajan aquí como profes, personal, hijos alumnos o son ellos mismos antiguos alumnos. O sea, lo normal. Y más en mi ciudad que es abierta y liberal de toda la vida. 

Y supongo que lo mismo pasará en Navarra donde ahora hablan de quitarle la ayuda económica a estos centros porque son solo de chicos o solo de chicas. Y me pregunto: ¿pero les parece normal? Lo raro-raro es negar la realidad y ponerse en plan ideológico o excitado. Claro que algunos políticos nunca cogen el bus urbano y no saben qué pasa en el mundo, pero deberían saber qué pasa en su ciudad y en su barrio.

Esperemos que también la política, que a veces se devora a sí misma, siga cuidando estos coles y manteniendo sus conciertos. Porque en la educación en ciudades pequeñas lo que se requiere es convivir en paz. Así lo hablamos muchas veces profesores amigos de muchos centros públicos y concertados de la ciudad que somos colegas y nos vemos en todos sitios.

Ánimo, políticos de Madrid, Navarra, Santiago, etc. No os enredéis con las ideas efímeras y las frágiles legislaturas, que en la ciudades seguimos aquí dándo clase a vuestros hijos. Y nos tenemos que seguir dando los buenos días. No solo pasar la tarjeta. 

Photo by Adrià Crehuet Cano on Unsplash

Atención a la diversidad sexual

 


Atención a la diversidad sexual

En una escuela del siglo XXI la prioridad son las madres y los padres. Resulta efectivo poner un especial énfasis en atraer y citar al padre varón a la escuela, ya que las madres por lo general se acercan regularmente. El centro debe intentar que los padres se involucren tanto como las madres en la educación de sus hijos, y no sean machistas en este sentido.

El segundo objetivo son los profesores: porque son los que ejecutan todo esto, y porque nadie da lo que no tiene. Y aunque los niños enseñan mucho, lo importante es que aprendan.

El tercer objetivo son los niños, y especialmente los niños varones. En una sociedad diversa, la educación y atención de la diversidad es la clave. Al final se tratará de una educación individual, pero no podemos hacer un colegio para cada niño. Sí podemos juntar diversidades y una de ellas, la más evidente es la de niños y niñas. ¿Son distintos? Algo sí. Hagan la prueba en su casa: díganle a su hijo que le van a cambiar a la habitación de la hermana y viceversa. Díganle después que eso también incluye la ropa. Y las actividades extraescolares. Y las libretas del cole, los bolis y apuntes. Creo que a la chica le puede dar un infarto. Al chico quizá le importe menos: primero porque no le importa, segundo porque saldrá ganando. A esta edad las niñas van por delante.

Así lo confirman las cifras de fracaso escolar en España: resulta que 3 ó 4 varones de cada clase abandonan, no siguen en el cole, frente a sólo 2 niñas. Hay diferencia. Y a esa diversidad es a la que enfocan su atención los centros y programas de educación diferenciada del mundo entero. Esta es la “diversidad” más numerosa y con datos más claros.

En España estos centros están logrando que el fracaso escolar prácticamente no exista. Quizás esta educación diferenciada no sea “la solución”, pero es un hecho que probablemente favorezca el éxito. Los sectores más politizados del país usan la etiqueta “colegios que segregan”.Sólo lo hacen por motivos ideológicos, ya que si el sistema público creara un centro solo de chicos (o de niñas), la descalificación desaparecería. Y es que en todo el mundo existen estos centros. Hace una semana el Times publicaba en su portada los resultados de la selectividad británica con una foto de los chicos del colegio con más éxito, que no es precisamente de élite. En la lista seguían los restantes mejores colegios de Irlanda y UK, en la que la mayoría eran de chicas o de chicos, y muchos públicos.

El Tribunal Administrativo Federal alemán acaba de fallar a favor de un colegio privado de educación diferenciada. La sentencia reafirma que este modelo pedagógico es completamente válido y compatible con la Constitución. Como lo es en España, a pesar de que algún Tribunal se haya visto obligado a fallar en contra de la concesión de algún concierto para casarse con la políticamente correcta reglamentación de estas ayudas.

La semana pasada visité Citywise, un centro de educación alternativa en el barrio más deprimido de Dublín. Su principal programa está dirigido a chicos y chicas expulsados de colegios o que abandonan y están en la calle o sin padres responsables. Los “profesores voluntarios” les ofrecen -a ellos, no a sus padres- su última oportunidad para salir adelante y preparar los certificados de Secundaria o Selectividad, a cambio de 3 euros a la semana. Todos aprueban. El caso es que los programas son sólo para chicos o sólo para chicas, aunque el centro sea mixto. Resulta interesante que su financiación sea mixta también. Procede de fuentes privadas fundamentalmente, de empresas que encauzan con fondos y empleados voluntarios su responsabilidad social corporativa. Pero ahora la administración pública también quiere ayudar. Todos juegan, todos ganan; principalmente los jóvenes.

Como se ve, esta diferenciación está resultando una especie de discriminación positiva, una excelente atención a la diversidad. No se segrega cuando se separa la leche de la nata, sino cuando tiro la nata y me quedo con la leche. No segrega el Barca o el Madrid o la selección nacional -la Roja- por jugar sólo varones. Diferenciar ligas, vestuarios o hasta la moda no es “segregar”. A nadie le molesta que en Zara haya tiendas de mujeres y tiendas de hombres ni se reclama que mezclen las colecciones por colores. No segrega la moda. No segregan los padres cuando ponen en su casa una habitación para la niña o niñas y otra para los niños. Simplemente están separados. Es una opción.

En España vamos de un extremo a otro cuando lo que hoy predomina es la diversidad, y cuando lo que preocupa en la educación hoy es la “atención a la diversidad”. La importancia de esta educación diferenciada ha surgido ahora en España, tras unos años de total abandono de la misma. En otros países no ha habido tal pendulazo. Y ahora se vuelve a hablar de ella.

La “sistema pedagógico único” impide que se atiendan las diferencias. Ahí está Citywise y mil ejemplos más. Como dice Ken Robinson, es una pena que al final sólo la educación “alternativa” funcione, la que no responde a lo único, igual y obligatorio para todos.