Superpadres

El padre conduce y escucha a las 3 niñas detrás. Una va disfrazada de Superman, no de heroina no sé por qué, porque sí. Y mira un botón blanco apañado por la madre en el cinturón heredado.

– Si aprieto aquí, puedo volar.

– No -corrige la mediana-, si le das, desapareces.

– ¡Pues no! -se impone la otra- porque yo soy la mayor y decido los superpoderes mejor…

– …ya -corta la pequeña-, pero tienen que ser superpoderes «normales y corrientes».

El padre me cuenta la conversación. Y yo le pregunto a los expertos en superpoderes de una clase cuáles son los normales: “agarrarse, fuerza y velocidad”, concluyen muy serios.

Y pienso yo, que esos son los de cualquier padre como el que conducía. Lo normal de cualquier padre que sin hacer nada espectacular, resuelve problemas diarios con velocidad, se esfuerza por sonreír y se agarra cuando hay curvas… y sigue conduciendo día del padre tras día del padre. Como aquel José que se celebra hoy.

Felicidades, papás normales y corrientes.

Adrianey Arana

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The Duck Effect

Este curso de tutorías meet, zoom o whatsapp me ha brindado la oportunidad de descubrir a las familias de los alumnos. Paradójico, pero cierto. No las he visto físicamente como otros años, pero sí realmente.

Me explico. He visto a madres interrumpir la vorágine de su empresa para una tutoría virtual ella, él y el profe (servidor) cada uno en una ciudad distinta.

Padres embarcados y en la mar que se han quedado sin su merecido reposo a bordo para preguntarle por videollamada al maestro que cómo va su criatura. Uno dando un biberón on line mientras el cónyuge intenta callar a otro porque están hablando con el profe del niño.

Ha habido padres de la clase en otros continentes que han calculado la hora adecuada para hacer un face-time con el profe y saludar.
Y hay mamás que desde el coche o en el parking te han hecho un gesto que lo dice todo sobre “¡cómo te dejo hoy al niño!” Tejiendo punto a punto cada día.

Descubres que son las familias quienes educan a sus hijos y que por eso quieren estar en contacto con los profesores que les ayudan en esa tarea. No les da lo mismo lo que pase o lo que no pasa, porque normalmente no pasa nada.

Pero no pasa nada porque esos progenitores A y B están pedaleando todos los días. No hay imagen más pacífica que la de los patos deslizándose con calma en un estanque, pero eso lo logran porque sus patas se mueven sin parar debajo del agua. En inglés se dice “paddling”, que lo refleja mejor. Eso es lo que hacen los padres. Los padres de las familias normales. Y es lo que se denomina “the duck effect”, el efecto pato. Es que no me sale en español.

 “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”, dice Tolstoi. Y los padres normales son los felices, aunque no lo sepan. Y hacen felices a todos.

Adrianey Arana

«Confío en los profesores de este país»



"Confío en los profesores de este país"

Así me lo dijo ayer una chica con un aro en la nariz, madre de dos niños. Peluquera. No aprendió a leer hasta los 12 años. En la escuela unitaria de su pueblo no lograron más que eso. Luego salió para adelante, pero no quiso estudiar porque le daba miedo.

Hoy es una joven mamá de dos niños. Volvió a tener miedo cuando llevó al mayor al colegio público de su barrio… con su camiseta negra y su aro en la nariz. Pensaba que empezaba un calvario. Pero no. El mayor de 6 años ya sabe leer, habla y estudia en inglés, le gusta el colegio y es feliz. Y todo va bien. Y las profesoras se implican y tienen ganas, y tienen proyectos. Y son personas normales que trabajan bien y en acuerdo con los padres.

Ella está feliz. “Confío en los profesores de este país”, afirmó tranquilamente mientras me cortaba el pelo. “Todo ha cambiado. Es otra cosa. La gente no lo sabe, pero los profesores son muy buenos”.

Menos mal que la escuela en España funciona al margen de los políticos, porque si no, estaría como ellos creen que está, necesitada de constantes cambios y reformas de no se sabe qué. Desaciertan y vuelven a desacertar con el prejuicio de que Pisa…, la religión…, el fracaso escolar.

Si se asomarán a una escuela de barrio o al twitter o a los blogs de miles de maestros jóvenes verían que la educación está cambiando, ha cambiado y nadie lo sabe, salvo la gente real, claro.