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Gracias, Greta

A favor de Greta. Sí, como lo estoy de cualquier joven con talento y que además supera determinadas dificultades. Y que incluso sale adelante gracias a una familia muy unida, o sea, a una familia. Leer el libro de Malena, su madre, te hace pensar un poco.

¿Y no debería estar en el cole? ¿Y nuestros adolescentes futbolistas estrella como…? ¿O campeones de motociclismo, tenistas o cantantes, jóvenes actores o creadores de apps? Son ejemplo de superación sin ir al cole y de que no hace falta la mayoría de edad para luchar, pensar, incluso gestionar y hasta tomar decisiones por uno mismo. A veces decisiones que pueden ayudar a muchos.

Pero le sugiero a Greta un cambio de matiz a su mensaje. Ella ha sufrido pánico y de algún modo lo transmite. Pero el pánico nunca ha sido eficaz para solucionar crisis, como bien sabe su familia. Precisamente evitar el pánico es lo primero en la solución de una crisis. Apuesto más por el mensaje suyo de Madrid: hay esperanza.

Porque la gente está cambiando, aunque los políticos no, dice. Pero sí, hay esperanza porque los políticos son los primeros que se comprometen. Al menos se comprometen en hacer este mundo algo mejor. Luego harán lo que puedan, pero hay esperanza y compromiso. Gracias, Greta, por cuidar el planeta. Rima y todo.

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Adictos

En mi familia somos adictos a la nata. A  la casera y a la de spray. Cualquier comida es un pretexto para un postre "tapado" por nata. No es la “fariña” de las series, pero es una adicción de la que algún familiar se está desintoxicando.

Hay también adictos a Netflix. Para relajarse, desconectar, aislarse. No llega a ser una droga, pero engancha y las “descargas” son peligrosas y su compra compulsiva.

Y luego están los adictos al trabajo. Ahí estamos a veces todos. Si yo me puedo ir "pa casa" a las 5 de la tarde, me quedo a trabajar porque hay mucho trabajo, o porque puedo adelantar trabajo, o porque aquí no me molesta nadie, o porque aquí va bien la wifi. “Además ahora en casa no hay nadie”.

Y seguimos metidos en el cutre narco-submarino que nos hemos fabricado para traer pasta a casa y no subir a la superficie mientras el aire sea respirable. Y si falta oxígeno: Netflix. Lo importante es sólo el futuro, nunca el presente.

Pero en el hogar y en el nido tiene que haber alguien hoy haciendo “nada”. Solo estar. Y merendar. Porque las comidas en familia… sí. Pero “la merienda es el hogar”.  Amortigua el estrés y reduce los niveles de la adicción al trabajo. En mi casa siempre hemos merendado. Y a veces con nata.

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Muy listos

¿Pero qué pasa con PISA? Parece que España no hace trampas, solo que hay demasiados alumnos que cubren el examen sin leerlo, para acabar antes. Y aciertan. La ministra Celáa, tan rápida para otras cosas, dice que… esto, ejem… que no sabe explicarlo y que dice que esto ya pasó en dos países. Pero los de PISA dicen que no, que solo en Kazajistán. Y que nos van a castigar sin resultado el próximo 3 de diciembre.

Y es que somos listos. Por eso mis alumnos pequeños me contestan "¡doce!" cuando les empiezo a leer un problema de que "si hay 16 autobuses y se marchan 4…" Y yo les digo que sí, que "doce", pero que hay que leer el enunciado primero y escribir la resta… y rollos de profesor. ¿Para qué, me dicen, si son "doce"?

Los más listos. En un instituto de la Costa de la Muerte no pudieron hacer el protocolo de simulacro de evacuación porque los alumnos averiguaron la fecha prevista y no fueron a clase. Conclusión: no les va a pillar el incendio ni el simulacro. Ni el protocolo.

Los alumnos españoles no han superado la evaluación de competencias de PISA por ser demasiado espabilados, listos y  "competentes".  La torre inclinada de PISA se va a caer en España. Por listos. Que es lo que hay que ser.

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Rayos y truenos

     Tormenta: relámpagos, lluvia gruesa y lateral, granizo y rachas… (las rachas son en invierno siempre). Dos niños miran el temporal por la ventana desde su acogedor refugio del aula. Me piden ir al baño y según están yendo, retumban dos cañonazos de truenos perdidos. Aterrorizados se vuelven corriendo a clase, donde sus compañeros también estaban paralizados. Y yo un poquito.

     Pensé que el ruido, los gritos y la bronca congelan el cerebro de un niño. Los alumnos piden paz, serenidad y trabajo ameno y tranquilo. Sin discusiones. Y así mientras trabajan felices pueden cantar, hablar, escuchar y conocerse. Alguno que nunca hablaba, se lanza y comenta algo mientras escribe. Y otro se fija en su voz por primera vez. Surge la escucha, el diálogo, la convivencia entre niños muy diversos, el humor relajante. 

     Y desaparece la tensión, la crispación y se educa en libertad, sin rechazo al pluralismo ni a ser distinto. Sueño con que estos alumnos logren en el futuro una sociedad libre y avanzada, en la que nunca tengan miedo a decir lo que piensan. Feliz reflexión.

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Halloween

     Los niños me hablan de varios personajes de terror de las últimas películas. Y de monstruos. Y de cuentos de miedo. Estamos en la fiesta de los muertos y de las calabazas. Halloween. Les divierte realmente. Como cuando ven Coco, de Pixar.  Pues sí.

    Pero luego veo que Google Calendar marca el 2N como el “día de los Muertos” y yo me esperaba “día de difuntos" o algo así. Entonces les pregunto a los niños si saben qué son los difuntos… Ni idea…. ¿Los fallecidos?!….Nada. Bueno, ¿los familiares que …se han ido al Cielo?! Uno me dice que sí, pero que eso no tiene nada que ver con los Muertos. Son otros muertos. 

     Saben lo de ir a pasar miedo a los cementerios de noche, pero no lo de ir de día a poner flores. ¡Pobres defuntiños nuestros, que los dejamos solos como almas en pena a cambio de los Muertos de Halloween! Pero bueno, el caso es que a los niños no les da miedo que les hablemos de ellos. Como mucho preguntarán, como decía uno, quién se queda con el móvil de la abuela, que se va al Cielo y ¡se lo va a llevar! 

 

 

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