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Ser profesor en Bélgica



Ser profesor en Bélgica

Ser profesor en Bélgica no debe ser nada fácil. Tengo que informar a la madre de esta alumna de que si su hija lo desea puede abortar cuando le venga en gana, pero que, sintiéndolo mucho, necesita una autorización materna para ir a visitar el museo próximo al colegio. Puede solicitar su eutanasia si lo desea sin consentimiento de ella misma, pero necesito rellenar un protocolo de siete folios para darle en el colegio el jarabe para la tos. La niña puede ir al parque de enfrente y dejar la basura del botellón esparcida hasta que la recoja la limpieza local, pero debe aprender que en clase no se tiran papeles en el suelo.

Lo siento, señora, pero la educación es una cosa y la vida real es otra.
En el colegio hay unas normas porque los niños son menores. Fuera, ellos deciden. Aquí -le digo- nos proponemos sacar adelante con todo tipo de apoyos, refuerzos y orientación a los niños con graves conductas, deficiencias, síndromes y necesidades educativas. Luchamos por ellos, porque en un colegio un niño es una persona. Si a usted no le parece bien, aborte a su próximo embrión al que detecten una anomalía. Pero no le dé la oportunidad de llegar a ser alumno, porque entonces vivirá y usted tendrá problemas, porque será madre. Y yo profesor. Por eso a los niños les enseñamos a resolver problemas, no a eliminarlos.

Le tendré que decir: mire, señora, es cierto que ustedes paren y ustedes deciden, pero ese feto suyo, consecuencia de una conducta temeraria, sí, por supuesto, o no querido, es ya un alumno mío porque está aprendiendo desde el seno materno. Nos está oyendo. Y si le pongo ahora mismo determinada música -con su autorización, claro-, puede llegar muy lejos, podría llegar a amarla a usted y a poner una rosa y a verter una lágrima en el funeral de su madre… y en el mío quizás.

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4 consejos para educar a tus alumnos



4 consejos para educar a tus alumnos

  1. Llámales por su nombre, nunca por el apellido. El nombre está muy pensado por sus padres, está personalizado para ellos y para ti, porque son personas personalizadas.
  2. Háblales como si fueran amigos, no les grites. Los alumnos responden al tono, no a las palabras. Son tus compañeros de trabajo.
  3. Piensa qué debes hacer para que lleguen más lejos que tú; nunca admitas una “etiqueta”, ni la escuches.
  4. Sácalos adelante, a pesar de ellos mismos, a pesar de su entorno, a pesar incluso en ocasiones de sus padres. Son “tus” alumnos, los únicos que tienes, y quieres que aprendan, y quieres que aprueben, y ¡logra que aprueben! Y nunca dejes a nadie atrás.
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3 consejos para educar a tu hijo



3 consejos para educar a tu hijo

  1. Toma decisiones pensando en tus hijos. No tomes decisiones sólo sobre su educación. Todo lo que haces, privada, social o profesionalmente les educa. Si decides comprar un buen piso con una gran hipoteca, piensa que luego deberás trabajar duro para pagarla durante veinticinco años.
  2. Díle que ‘no’ una vez a la semana. Si algo no te convence, díle que ‘no’, y dále una razón. ‘No’ normalmente significa ‘que no’, y no tiene nada que ver con ‘ya veremos’ o ‘depende cómo te portes’. Es la única manera de que pueda aprender vitalmente a elegir sí o no.
  3. Riéte con él. ¿Hace cuanto tiempo que no te carcajeas con él? Si te ríes con él disfrutarás y él aprenderá a distinguir lo importante de lo trivial, el error del acierto, el amor del odio.
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El Informe Inclinado de PISA



El Informe Inclinado de PISA

El Informe PISA seguirá inclinado sobre España durante más siglos que la famosa Torre hasta que no cambiemos el modelo educativo. Otros países lo han enderazado y ya cosechan sus primeros éxitos. Aquí hemos dado el primer paso con la LOMCE, pero todavía no sin estrenar. Pero ¿qué más podemos hacer los educadores y padres de a pie?

Los profesores necesitamos autocrítica con objetivos a corto plazo. Lo digo porque la siguiente foto PISA se hará con los actuales alumnos de 1º ESO dentro de sólo dos cursos. Y la siguiente será con los que ahora están en el aula de 4º de Primaria. O preparamos a los alumnos con pruebas de evaluación tipo PISA o seguiremos inclinados. Así se hace con la Selectividad, con los exámenes de Cambridge o con el carnet e conducir. Y así lo practican los países asiáticos ascendentes en sus escuelas.

En segundo lugar debemos valorar más las clases y el horario escolar disminuyendo las largísimas vacaciones estivales y fomentando la asistencia al colegio. Nuestros niños sufren unos períodos escolares de altibajos, con meses de verano en el que se olvidan hábitos y rutinas de aprendizaje y trabajo. Bien podríamos imitar el calendario de casi la totalidad de países anglosajones y europeos, más adecuado a la vida escolar que a la festiva. Nuestra falta de ritmo y constancia no so propias de un país centrado en la educación y provocan escándalo en el ámbito internacional.

Los padres y profesores debemos valorar más la vida escolar y la asistencia a clases. España ha resultado ser uno de los países con mayor absentismo escolar según PISA. Muchos alumnos habían faltado a clase algún día en las semanas previas a la prueba. Somos muy amigos de ponernos malos, irnos de esquí o de que el niño se quede en casa por cualquier motivo.

En nuestro país los niños dedican más horas semanales a la actividad extraescolar (aunque sea en el propio centro) que a la escolar. Las familias invierten más dinero en la formación no escolar (conservatorio, entrenamientos, natación, idiomas) que en el recibo de un colegio.

Esto refleja nuestra percepción de la escuela como un lugar de convivencia más que como un lugar de aprendizaje, quizás promovida por la ingenuidad de los políticos durante las últimas décadas. Y hemos de recuperar la idea de que los alumnos van al colegio a aprender y los maestros a enseñar. Y ambos a trabajar durante horas. No puede ser competente a nivel europeo el niño que tiene 3 horas semanales de Lengua y 10 horas de futbito o el profesor que no pasa horas programando y pensando nuevos métodos.

Para enderezar la torre inclinada de PISA hay que arreglar su sustentación con trabajo ordinario bien hecho, no con cambios traumáticos que la desestabilizarían y la harían derrumbarse.

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REFLECTIONS ON EDUCATION IN SPAIN

Our Western pre-university educational system has been in a crisis for over a century. In a great part of Europe it has lived constantly on the throes of death for the last 40 years, that is, since we have become conscious of the critical state of education. The attempts to overcome this situation by means of reforms have done nothing but make clear how terminal this situation is. The history of the 20th century is full of praiseworthy though isolated initiatives, of admirable drives to teach people to read and write, of plans and schemes cut down by political changes and fights between parties, of efforts to bring basic education within reach of all and even to make continuance through secondary education compulsory, and to improve the quality of the system. However, such initiatives are not ideas. The desperate lack of joint ideas that could bring about real solutions within the overall compared western system of education is clearly perceived.

When there is a crisis, nerves become taut. It is education policies that most differ in the policies of parties that scarcely differ on other matters. Crisis is an accepted fact, but everyone opposes everyone else without giving any good reason for doing so, for prejudices, when basically they all agree on nearly every thing else. Socialists and liberals, right or left wring, democrats and republicans, labor or the Christian democratic parties are all equally lacking in ideas. Education is the priority for the generality of the institutions of today’s modern society. Before, it occupied a major part of political programs, but little by little the lack of ideas has been reducing these programs and burning the straw that was their stuffing. There remain only the drastic statements of change on one side or the other because, “what I say is true, as you will now see”, as Cervantes has D. Quixote said.

Disquiet and discouragement in this sector are important. The state administration and the non-governmental initiatives work in parallel; some lost and the others unprotected. Patches and poultices are no longer any use. The principals of educational centers, labor unions, employers, parents and pupils live in perpetual concern in the face of so much inefficient “improvement on the reform of the proposal to abrogate the criteria of change…” The need of peace for schools should be one of Europe’s most cherished possessions. History gives us examples of educational impositions caused by political changes that contributed to create a breeding ground for wars. Such was the case of Alsace-Lorraine at the beginning of the last century. A famous French president confessed that one suffers when ideologists and demagogues infiltrate themselves into ground that should be sacred to every Frenchman: the education of their children.In this respect, I would like to recall the European Parliament’s Resolution on freedom of education in the European Community (14 March 1984) that states: “The right to freedom of education implies the obligation for member States to render possible, financially as well, the practical exercise of this right and to grant (private) schools the public subsidies necessary for the exercise of their task and for the fulfillment of their obligations under conditions equal to those enjoyed by the corresponding public schools, without any discrimination against the organizers, parents, pupils and staff. Notwithstanding this, however, freely established schools shall be required to make a certain contribution of their own as a token of their own responsibility and as a means of supporting their independent status”.

As we can see, freedom and money go together, but peace must come first. Peace will only be possible if we look and listen to one another. Peace at school must come first. Pushkin stated that “the most solid and efficient changes are those that are brought about by improvement of customs and without violent upheavals”. Peace in education is needed to improve in quality and to increase in quantity and coverage.

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