Back to cole

 

Los fieles a algo, independientemente de quién lidere ese algo, somos fieles a algo, no a todo. Hay quien lo es a su empresa, o a su familia, a su religión, a su partido o a su red social, sea quien sea el líder o accionista mayoritario. Yo soy fiel a Twitter, es decir, ahí estoy cómodo. Me domostró una vez su honestidad cuando pedí que revisaran una cuenta creada con malicia y falsedad: me dieron la razón y la eliminaron, como había solicitado.

Es cierto que hay de todo en Twitter, como en la vida o en la calle: estamos ahí personal multicolor que no llega a ser «fauna». Y cuando te arrimas bien conectas con gente seria y variada. Puedes hablar o no hablar, animar, retwitear o contestar. Y elaborar o seguir tus listas.

En ese lugar siempre me he encontrado buenos profesores y directivos escolares, jóvenes y maduros, hábiles psicólogos y padres motivados con la educación de sus hijos.

Uno de los temas más animantes y recurrentes es el Back To School en agosto o la Vuelta al Cole en septiembre. Te asomas y ves ilusión y trabajo en el mundo escolar de tantos profesores, jóvenes e innovadores, listos y creativos, exhaustivos y cultos, libres y amantes de su profesión, de colegios públicos, de centros privados, del rural, bilingües o no, de apoyo, PT, audición y lenguaje, tecnología, educación física o artística, lengua o filosofía… que son la esperanza de este país.

Porque aunque muchos de ellos twittean «se me acaban las vacaciones», en el fondo están esperando que lleguen los niños, los hijos de los que podéis estar leyendo esto. Y esa ilusión de septiembre de estos docentes que andan por la red compartiendo su última gamificación, actividad chula o recurso son el futuro. Tienen en sus manos a los hijos, que son la solución a todo.

Su dedicación e ilusión profesional nos descubre que los hijos no son una carga, ni una cruz o un sufrimiento. Los jóvenes no son la preocupación de la familia, ni el problema de la sociedad. Los hijos son el arma, la munición y hasta nuestro último cartucho en la vida, la respuesta final. Los hijos que vuelven ahora al cole son el mundo real de la segunda mitad de este siglo. Y esos profes lo saben.

Twitter nos muestra a los profesores que vuelven contentos al colegio con mil agendas, actividades y planes. A algunas cuentas de profes que son muy activos y solidarios compartiendo habría que hacerles un homenaje. Ya vuelven. Eso lo va arreglar todo. Ya veréis. «Creo en los profesores de este país», me decía una peluquera cuya hija va a la escuela de su barrio. «Ahora molan, saben».

Vuelven los profes. Apartaos.

Foto de Logan Isbell en Unsplash

La queja aleja

Queja.  Puedes quejarte por todo, porque todo es imperfecto. Aunque vivas en la mejor casa del mundo, te puedes quejar por el olor, el ruido o los mosquitos. 

Un amigo llama “quejas Loewe “ a las que se manifiestan para fardar: “el café de París me sentó fatal”, “el aire acondicionado del hotel de Lagos me machacó”. 

Las quejas por los políticos son eternas. Como piensan los humoristas, el gobierno es una institución creada con fines terapéuticos para que el pueblo se desahogue diariamente usándola de punching-ball. Si es contrario a tus ideas porque “van  por lo que van”; y si es afín porque “no se atreven a lo que hay que hacer”. 

La educación es otro motivo de queja: los cambios, las ratios, la falta de profesorado, el curriculum, la lección magistral o el humo que otros venden. Digo educación por ser mi “tema”. Pero ponga Ud su profesión. Todo sin matizar, claro.

Y esta es la cuestión. Que  en esta vida todo es matizable por ser complejo. Hay asuntos que no están mal o bien, simplemente están de una manera. Se pueden comentar, mejorar, aportar y esperar o actuar. Pero no es eficaz un ataque frontal a  todo lo que se supone que está mal. Contribuimos más a la radicalización o polarización de la sociedad con nuestras palabras que con los hechos en sí.

Y en las familias y grupos humanos sucede igual. La queja continua lleva a que los demás se alejen de ti porque es triste. Y aunque se aduzcan razones justas, la queja no es solidaria. No es generoso quejarse en familia, donde lo propio es darse casi sin que se note y con buena cara. Y si puntualizáramos la situación de la casa o del hogar o de la oficina veríamos que no todo está mal. 

Hay quien dice “en vez de quejarte, da soluciones”.  Y proponen soluciones que los demás «deberían adoptar». Yo prefiero lo de “no te quejes ni des soluciones: la solución eres tú”. O sea, yo.

Cada vez estoy más convencido de que el purgatorio es el lugar de las quejas, un estado o situación en el que viven los que sufren al ver todo mal y donde permanecerán hasta admitir que no todo era perfecto, que este mundo estaba sin acabar y que se trataba de ir creándolo nosotros o colaborando a sostenerlo. 

Además tenemos mucho que no nos merecemos y eso también ‘es injusto’ pero ni lo vemos ni nos quejamos de ello. Como dice Jane Austen “nadie se queja de tener lo que no se merece”.

En esta vida o en la otra: queja. Es que esos no pueden ir ya al Cielo porque le encontrarían algún defecto: les tocaría columna y no verían bien o les parecería injusto que otros que llegan más tarde resulta que tienen un sitio VIP.

Los tics, no las tics

 

          Todos tenemos «tics». Agitar las rodillas, fruncir los labios, sacar la lengua concentrados, limpiarse una mota del hombro, rascarse la oreja. Los deportistas de élite tipo Nadal sufren muchos ya que los asocian a rutinas necesarias para el triunfo. Pueden llegar a ser manías o incluso supersticiones.

            Pero la enfermedad normal de los tics es el síndrome de Tourette. Puede darse en un grado variable, normalmente no muy alto, en forma de tics vocales y motores. A veces hay niños en las aulas con este síndrome que se da 3 veces más en varones. Suele ser motivo de bromas de compañeros si no lo conocen. Pero acaba siendo aceptado y hasta ameno.

            Lo único triste es que es uno de los motivos de burla en videos y redes sociales bastante generalizado fuera del ámbito escolar. Es banalizado como un trastorno divertido. Y no se percibe como algo ‘diverso’ (como otros trastornos) que además corregible. En los colegios se detecta pronto y con el trabajo del tutor y orientador suele ser aceptado.

            Los casos que conozco suelen tratase de alumnos trabajadores, responsables, buena gente, «majos», sinceros y hasta simpáticos. Admirables algunos como Brad Cohen, profesor de Primaria de Missouri que padece este síndrome y que ha hecho la película de su propia historia de superación en 2008: «Al frente de la clase». Una película que todo docente debería ver.

          Porque todos nuestros alumnos tienen algo que superar por pequeño que sea, algún miedo, algún pasado, algún fantasma. Porque todos tenemos tics, incluido el pequeño gesto que estamos realizando al terminar de leer este artículo.

La esperanza nace

La feria medieval alegra las fiestas del verano. La Edad media vuelve. Su vida, juegos, costumbres y batallas fascinan. Autores de novelas y productores de ficción descubrieron el filón hace tiempo:  El Señor de los Anillos, Juego de Tronos… sus miles de secuelas, sagas y entretenimientos del mercado editorial y online. Stars War estira como puede sus historias de espadas, princesas y caballeros.
Está cambiando la percepción de la Edad Media y de otras ‘civilizaciones’ en el “imaginario colectivo”. Ya no fueron momentos oscuros y tenebrosos. Muchos hablan de una época alegre, luminosa y no triste u opresiva. Una Edad “media”, o sea en el medio o centro de otras. Ni un imperio ni un Estado, ni unas normas que ahogan, ni lo políticamente correcto que hoy asfixia.
Sigrid Undset, escritora noruega Premio Nobel, amaba la edad media nórdica y europea. “Allí se encuentra la inmutable naturaleza humana al desnudo, puesto que las convenciones sociales son tan primitivas que los individuos pueden desarrollarse libremente, sin restricciones, mientras que en otros momentos históricos están constreñidos por el espíritu de la época que impregna toda la sociedad”.
He leido toda su obra. Los paseos por la feria medieval de Coruña me coinciden con la lectura de La saga de Vigdis, recién publicada. Sencillez, profundidad, libertad y poco Estado oprimente. Más primitivismo y más naturalidad hasta en las luchas y en la familia.
Amazon Prime estrena en septiembre Los Anillos del Poder, situada en la Segunda Edad de esa Tierra Media de Tolkien y su comarca feliz y feroz, con hobbits y elfos más humanos que nosotros mismos. La ilusión actual por esas historias y esos mundos anima el espíritu ya que, como pensaba Legolas, “muchas veces la esperanza nace cuando todo está abandonado”.
Adrianey Arana

A un padre

Una hija quiso dirigir unas palabras en el funeral de su padre, papá… fue uno de esos hombres que abrieron caminos en este país y construyeron… -yo pensaba: no criticaron, no destruyeron- caminos, centrales, fábricas, ideas, planos, vida y progreso. Hijas y hijos.

Un discurso laudatorio con amor pero sin sentimentalismo, una alabanza racional y de justicia a su ser querido, a su papá que además era un “padre”. Un discurso con el corazón pero con la cabeza, con emoción pero contenida.

Admiro a estas familias que no confunden el amor y el agradecimiento con la sensiblería y el lagrimeo. Que convierten lo que podría ser un drama en una lección para sus hijos que allí estaban con los ojos y el alma abiertos. Y eso, sin pretenderlo, conmueve.

Adrianey Arana