Médicos con fronteras

Si operan a un familiar y esperas horas a que salgan las cirujanas. Si acompañas el postoperatorio con sus dudas y percances. Si observas las miradas y los gestos precisos de las enfermeras. Si atiendes y absorbes la información prudente que dan los médicos cuando pasan. Si, ademas, ves que a su alrededor el covid mantiene su amenaza… 

Pues si ves todo esto, es que estás delante de los médicos normales y corrientes que no salen en las noticias. No son ni pretenden ser estrellas de cine o de series de televisión. Cumplen su labor diaria dentro de nuestras fronteras. Trabajan con una presión extraordinaria que para ellos es asombrosamente rutinaria. Precisión, concentración, profesionalidad y discreción. Todo trabajo bien hecho es un servicio a las personas, pero en los médicos se multiplica.

Aunque en los momentos duros aplaudamos a los sanitarios, cada día se merecen muchos “gracias”, que casi nadie se los da al terminar una cirugía. Por su profesionalidad y ciencia en sí misma. Si además alguna de esas doctoras o investigadoras saca unos minutos para ver y alentar a un paciente amigo. Y le sonríe. Y pone un rostro humano a una bata blanca o a un mono verde, si todo eso pasa, porque pasa, es para pensar que “la sonrisa en el rostro lleva la alegría al alma” y al cuerpo. Y el trabajo.

Gracias, Materno Teresa Herrera: !CHUAC, chuac! 

Adrianey Arana

Adriana Cerezo, gracias

“Mis padres siempre me dijeron que para seguir haciendo taekwondo tenía que cumplir en los estudios y ha ido muy bien la verdad. Se puede perfectamente compaginarlo. El tiempo que estarías en el sofá viendo la tele, pues estudias. Si es que hay tiempo para todo, al final es organizarse bien”. Adriana Cerezo nos ha dado una lección con la primera medalla olímpica.

Mientras nosotros estábamos pendientes de sus compañeros de 17 años que han tenido un año “superhorrible” de estudios con covid, sin salir ni viajar, con un bachillerato “complicadísimo”… esta chica saca un 13 en selectividad, viaja… a Tokio, sonríe, le agradece a su abuelo y a sus padres lo que la quieren. Y a su entrenador. Y a sus amigas. Y no se queja ni de su derrota en la final por unos segundos. 

La medalla de plata la va a enmarcar para su abuela a cambio de una croquetas y una tortilla de patata. No anuncia que vaya ‘a seguir persiguiendo sus sueños’ o cosas así. Su entrenador le decía antes del combate final que era  importante ganar pero más cómo ganamos. Por eso Adriana manifestaba con alegría que no podía quejarse de la villa olímpica -como lo hicieron otros deportistas- y por eso disfruta y sonríe. Y nos ha dado más que una medalla.

Adrianey Arana

Foto: Unsplash

Un mundo fascinante

¿Quién diría hace un año que ya en ese 2020 se habría descubierto la vacuna del covid? ¡Y que la mitad del país estaría vacunada! Veíamos un panorama negro y desolador de investigaciones tipo Pasteur, madame Curie, etc. De hecho no existe todavía vacuna para el virus VIH del sida ni para la hepatitis C.

“El récord en desarrollar una vacuna completamente novedosa es de al menos cuatro años”, explicaba entonces la Asociación Española de Vacunología. “¿Cuánto tiempo lleva fabricar una vacuna?” titulaba el NYT en abril 2020. 

Sin embargo, el ritmo de la ciencia y la investigación ha resultado asombroso. Y no solo eso, sino que  incluso la gestión y logística mundiales han sido de ficción. Los gobiernos y las instituciones, aunque los critiquemos, son más eficaces hoy que hace escasamente 20 años. 

De estar confinados a recibir un mensaje a tu nombre en el móvil para ponerte la vacuna hay un largo camino de trabajo que se ha hecho corto. Vivimos en un mundo fascinante mejor que nunca y no nos damos cuenta. No es correcto criticar al político de turno de todos y cada uno de los países, quejarse constantemente o protestar porque me toca esta dosis y no la otra. O repetir que solo el 50% del país esté vacunado.

Según el nuevo chiste, el optimista dice “el vaso está medio lleno”. El pesimista “el vaso está medio vacío”. Y el millennial: “¡el vaso me está ofendiendo!”. Y además no agradece que en vez de agua le estén “tirando” una caña de cerveza, que haya para todos y que se sirva gratis. ¡Salud!

Adrianey Arana

Focus For Kids

“Para mí, lo más importante es que los niños de nuestra comunidad puedan venir a verlo en persona y le conozcan de primera mano. Que le vean jugar, que le vean entrenar y, con suerte, que pueda inspirar a futuras generaciones de tenistas, futuras estrellas del deporte, gente de negocios, cualquier que simplemente se inspire al ver a uno de los mejores del mundo en su disciplina”, comparte el director del ATP de Washington que se disputará este verano del 31 de julio al 8 de agosto, y al que Nadal acudirá por primera vez.

“Es una figura que trasciende del tenis, trasciende incluso del deporte. Estamos ante una de esas personas que con solo su nombre, solamente diciendo Rafa, ya se sabe de quién estamos hablando”, exulta Mark Ein, el hombre más feliz del mundo desde este pasado jueves. 

Algunos luchan por buscar referentes para los niños de su entorno. Los hay entre deportistas más que en otros ámbitos, no sé por qué.. Ahora tendremos en Tokio a gente como Kevin Durant o la gimnasta Simone Biles, ejemplos de superación y de actitud. Pero hay que hacerles eco en los medios y en tu país o traerlos a tu ciudad. Enfocar la atención de los niños ahí. Porque, si no, autoridades, prensa y otros acabaremos hablando de youtubers y tik-tokers.

Adrianey Arana

What’s up!

Ese maravilloso invento que nos mantiene comunicados sin coger el teléfono ni escribir cartas y a la familia unida: el Whatsapp. Nos ha alegrado la pandemia, el cotilleo, el criticar al que sube bromas sin parar, que luego eliminamos o no porque nos han gustado. Y dicen que nos hace escribir y leer 1 ó 2 horas al día. O sea, que leemos y escribimos más que nunca jamás.

Al whatsapp hay que sacarle más partido con los niños en el coche.  Por ejemplo, le dejas el móvil al niño y le dices “ponle a tu tía que estamos saliendo”, “felicita a la abuela”.  Pero que lo redacten ellos, con frases, no con emoticonos. Sin dictarles el mensaje literalmente. Así piensan y crean. Y nos sirven de secretario. Con mayúscula al principio y en los nombres propios. Con tilde. Con signos de interrogación antes y después. Con exclamación antes y después y solo una al final, ¡no varias!!!!

Este truco le ayuda al niño a escribir más que mil cuadernillos de verano. “No pongas OK, pon otra palabra”; y que la piensen: de acuerdo, perfecto, vale. “Ahora pregúntale a tu madre que, además de leche, qué había que coger… pero en inglés”. O en galego. Y lo hacen con nuestro móvil, porque ellos “no tienen”. Mejor clase de Lengua en verano no van a tener. Escribir. He comprobado que les encanta “escribir” con el whatsapp.

Además intuyen los mensajes y el remitente sin mirar. Más de una vez ha sonado el avisito de mi móvil encima de la mesa en clase y alguno ha saltado: “es mi madre… para lo que te dije…” Y un día le contesté al niño de 6 años que llevaba una hora para hacer una frase con “granjero” y “manguera” o “vaca”, no me acuerdo: “pues, venga, cógelo y contéstale tú, a ver qué tal”. Tecleó:  “Gracias, fulanita, ya se lo recuerdo a tu hijo antes de salir, no te preocupes. ¡Un gran saludo!” Le puse un 10: What’s up!

Adrianey Arana

Photo by McKaela Taylor on Unsplash

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