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Confianza

La socorrista me ha mirado atónita: un tío se mete a nadar en la piscina con mascarilla. Me di cuenta tarde, salí y la escurrí y alguno sonreía. Ridículo. Me consuela pensar que mi despiste haya servido al menos de ejemplo.
Tenemos que recuperar la confianza en quienes están tomando decisiones en todos los ámbitos. Hay muchos que esparcen la duda: "¿quién os ha dicho que no podíais comer… sin mascarilla? Se equivocan, no dan ayudas, no nos piden opinión, no hay datos… están locos". Como decía el otro, cuanto peor, mejor para él…
Confiemos en ellos. En que el otro también quiere. Estemos unidos en las grandes crisis. Asumamos decisiones y cambios. Así juntos levantaremos lo que sea. Podemos dar una opinión discreta e inteligentemente sin sembrar el pánico desde un tractor vestidos de Drácula, como los de Lepe. Confiemos: a veces es una nimiedad lo que impide la unanimidad. Y otras creer que no es saludable cambiar de opinión.
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Equipos

 

    Primera jornada de la liga de traineras en A Coruña. Desde las Esclavas un amigo que sabe me enseñaba a mirar. Una trainera es un milagro. Surca rauda, vuela y corta el mar porque 14 personas reman, viran, sudan y respiran sentadas al unísono. Sin ruido. Contra el mar o a favor de contracorriente. Y un patrón manda de pie en popa.

 

      Uno de nuestros mejores patrones de Meira dice que el remo del patrón debe moverse lo menos posible para no frenar la velocidad, que no puede desequilibrar el bote, que debe dar órdenes cortas, claras y precisas, no ser repetitivo, conocer bien a su tripulación y hacerse respetar. No pesar mucho para no ser un lastre, ser ágil, tener visión, ser un buen consejero y un buen confidente.

 

      Pienso en grupos de gente inferiores o iguales a ese número de 14: pequeños claustros, oficinas, familias, centros sociales, asociaciones y hasta gobiernos (bueno, el nuestro con 22 remeros). No hace falta motor, ni vela. Liderazgo sencillo y remar juntos. Porque este no es mi remo, es mi equipo.

 

      De paso os pongo esta fotaza que me ha permitido usar Dabid Argindar, un deslumbrante fotógrafo vasco. Y majo. Lo tenéis en argindar.com para que le compréis y decoréis. Aupa, familias.

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Todo va a ir bien

Sentaditos en el coche con elevador y cinturón de seguridad. ¿Quién se imaginaba a los niños así hace años? Con casco en la bici y gorrito en la piscina. Si en el asiento de atrás iban 4 ó 5, ahora van 2. En mi clase éramos 47, ahora 25, y ahora… Los niños ocupan más espacio y se les protege más. Hasta con suelo de goma en los parques infantiles. Y no pasa nada. Al contrario. Hemos progresado. 

Son medidas que han mejorado su seguridad física como otras han avanzado en la protección de su dignidad. Y los niños las incorporan rápidamente como rutinas. A veces da miedo enseñarles algo mal porque lo asimilan todo bien.

¿Quién se imaginaba un futuro con mascarilla y saludo de codos… y aún más distanciamiento? Pues ya está. A seguir mejorando. Que todo va a ir bien el próximo curso. Tranquilos, todo va a ir bien. Ya está. Ya pasó. No os va a doler nada. Eso sí, por favor, ponedle el nombre a las mascarillas que luego a ver cómo salen de la burbuja para volver a casa.

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Escenarios

Termina el curso porque lo dijo mamá, no porque se acabe el cole, que ya no había. Pararon las clases onlain, las tareas, el seguimiento, la persecución o la huida y el entertainment digital educativo.

¿Cómo va a ser el curso próximo? Nos lo dirán las autoridades y direcciones de los centros. Pero va a ser mejor. Aunque no haya vacunas y vengan catarros o reconfinamientos. Pero puede ser que no. Seguro que diremos: “el Segundo Confinamiento lo pasamos mejor, más tranquilos”. Y “en el Tercero fue cuando comenzaron las clases holográficas, ¿te acuerdas?”. “Puf, pues yo me acuerdo que en el Primero no había profes robots y tenían que estar ahí…”. "¡Síii, y todavía eramos digitales!"

Y como todo el mundo profetiza cómo va a ser el futuro del presente, pues yo también. Los confinamientos nos cambiarán.  Nos habrán obligado a escucharnos. Habremos perdido el miedo al miedo. Sabremos confiar en la incertidumbre y planificar la imprevisión. Aparecerán vacunas, grandes científicos prácticos e irrumpirán líderes como respuesta a la falta de respuestas. Y habrá inimaginables pandemias buenas y curativas y bellos escenarios, que habría que prever o con los que habría que soñar. Porque los niños de hoy son los hombres de mañana, que dijo uno. Y nunca sabes de lo que son capaces estos rapaces.

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El antídoto

     Me dicen unos padres que están felices porque en este confinamiento han logrado que por fin su hijo rompa a leer y además con gusto. Y han tenido que comprar libros.  Ayer visité al mejor librero de la ciudad y me comentó que, tras el cierre, parece que la gente está leyendo cada semana más libros físicos. 

     Los libros de preescolar e infantil son el subgénero más vendido en la últimas semanas, seguidos de ficción y ficción infantil y juvenil. E increíblemente los cuadernos Rubio tienen 2 ejemplares entre los 30 libros más vendidos ahora mismo en Amazon.

     Yo estoy disfrutando de varias lecturas, que me ayudan a resistir no solo el paso del tiempo, sino sobre todo los titulares diarios, los enlaces de whatsapp, las fake news y las no tan fake que necesitan una visión crítica. Libros con los que me siento libre. Sin evadirme. Sin miedo. Sin fantasmas. Y que son el antídoto o la vacuna contra la otra gran epidemia actual: lo viral  (nunca mejor dicho). Así, dice El cisne negro, “casi todo lo importante que nos rodea se puede matizar”.

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