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De la ilusión también se vive

"Yo vi a un Rey Mago en mi habitación, creo que era Gaspar", me contó un niño real tras una noche de reyes. "Oí algo. Abrí un poquito los ojos para que no me viese… Se agachó. Llevaba capa y turbante. Abrió mi armario y se fue. Lo vi. En serio". 

 

Los niños viven de la ilusión, no de las cosas. Prefieren la emoción, la chispa y el ingenio a cualquier regalo. Los nervios ante un plan, viaje o acontecimiento lo demuestran. Hoy antes de fin de año ya hay niños tristes porque "Santa" (así de guay) ya les ha traído unos regalos… y se acabó, y no les gustaron. 

 

Los niños, los de verdad, los que creen en los Reyes, prefieren la ficción a la realidad. Eligen  muñecos y marionetas en vez de películas. Adoran escuchar un cuento o vivir una fantasía. Prefieren soñar despiertos a tener un móvil para no dormir.

 

Aunque más todavía que un peluche, lo que les seduce es tener un hermanito. "He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser", "nos dice" Roy Batty. Yo he visto "resetearse" una familia entera con el nacimiento de un nuevo hijo. Desbloquearse. Cambiar todos. Nace una ilusión. 

 

Si queréis ver brillar los ojos de un niño en la oscuridad, poned un Niño Jesús en casa (for example), o acudid a una cabalgata de los Reyes Magos. Descubriréis el mundo real de los niños. Y está al alcance de cualquier fortuna o saldo bancario. ¡Aún queda hasta el día 6! 

 
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Los niños de la guerra de los deberes



Los niños de la guerra de los deberes

Eva Bailén, autora del recién publicado libro “Cómo sobrevivir a los deberes de tus hijos”, es la promotora de la campaña por la racionalización de los deberes. En el fondo se cuestiona el sistema educativo español, el papel de las editoriales de libros de texto y la personalización de la educación, especialmente en la escuela pública.

No sé si su libro se venderá, pero la campaña ha generado debate en el mundo educativo. Ella no es partidaria de “Deberes No”, sino de su racionalización. Así lo pide en su iniciativa en change.org y en las entrevistas publicadas sobre todo en el diario El Mundo.

El peligro del debate es que se convierta en guerra y que los padres pierdan la confianza en los profesores y viceversa, cuando tan necesitados estamos de los contrario. No sólo hace falta un pacto nacional de educación, sino en primer lugar el trabajo conjunto de familias y docentes para sacar adelante a cada hijo, a cada alumno. Porque al final, la educación y el aprendizaje es algo personal, es cada persona la que aprende, no el grupo.

En este pais siempre llevamos las cosas a los extremos y todo argumento lo reducimos a dos posturas: “o sea, que tú… ¿estás en contra de los deberes?”. No, pero, si eres profesor, prueba durante unos días -yo lo he hecho y me he quedado asustado- a hacer los deberes que mandas. Y al detalle, todo. Verás que hay que cambiar el planteamiento. Que es necesario un debate, pero no una guerra de titulares.

Ni a favor ni en contra. Sí estoy a favor de generar paz en la educación, de generar confianza en el colegio y en las familias. A favor de cambiar el término “deberes” por otro más adecuado. De racionalizar las tareas, de eliminar gran parte de ellas, de que haya consensos sobre el tema entre los padres y los profesores, de que los centros tengan unidad de criterios. De no seguir los dictados de las editoriales de libros de texto. De racionalizar los deberes, como explica Eva Bailén. De personalizar la educación.

Y sobre todo me parece que los profesores necesitan paz para educar, los padres confianza y tranquilidad, y los niños jugar y aprender. No lo decía Tonucci, sino un gran maestro español de un pueblo del que han salido grandes emprendedores: “La letra jugando entra”.

Lo demás es crear otra guerra más con niños en el medio, como varias que estamos sufriendo.

Para más ideas, mi post de hace 3 años sobre el tema:

http://www.adrianey.net/2013/11/los-padres-quieren-deberes.html

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Feliz vuelta al cole

“¡Voy a llegar antes y voy a aprender más que túu!” le retaba un niño a otro al salir corriendo a clase del coche de sus padres. Me sorprendió su inocente competición e ilusión por aprender. Niños, con la mirada brillante y feliz.

Hay dos días en el año que relucen más que el sol en los ojos de los niños: la noche de Reyes Magos y el día de la vuelta al cole. Compensan la tristeza de los miles de niños abandonados, maltratados, refugiados o muertos por las guerras. Un buen reportero que captase la luz de este día en una foto podría equilibrar las imágenes del horror a las que el verano nos tiene acostumbrados.

Los maestros saben que los niños son siempre iguales, ni mejores ni peores que otras generaciones. Saben que en ellos hay esperanza. Quieren aprender y dialogar, convivir y jugar al juego de la vida. Somos los mayores quienes no comprendemos a veces, quienes complicamos su vida y la educación con nuestros prejuicios, miedos y obsesiones. No acertamos a hablar, a preguntar, a valorar y entender.

Recuerdo mi recibimiento a un nervioso niño con su madre en un primer día de colegio. “Y tú, ¿cómo te llamas?”, le pregunté tendiéndole la mano. “Fran”, me contestó. Mi veloz memoria no lo situaba en las listas. Miré de reojo a la sonriente madre en busca de auxilio, pero nada. Estaba en éxtasis observando a su retoño tan limpio. Le dije al niño: “¡Hombre, Fran! ¿Fran… qué más?”. A lo que me contestó correctamente: “Cisco”.

Si nos ponemos a la altura de los niños y de las ilusiones de sus madres tan cargadas de esperanzas, todo irá bien. Y este mundo mientras tanto será mejor.

Adrianey Arana

Foto de I. de L.

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Realidad aumentada



Realidad aumentada

Con una escasa wifi durante del mes que paso en Líbano, me asomo a internet y veo como maestro el escueto “calendario escolar” de la Xunta de Galicia: se ordena “realizar actividades específicas” para “favorecer la visibilidad” de “lesbianas, gays, transexuais, bisexuais e intersexuais”. No sé si se trata de usar la "realidad aumentada" o una urgencia o alerta mundial ante los problemas de la comunidad internacional. En todo caso el verano escolar es el momento que tengo para la programación. Y a mí me ha tocado hacerlo en este país con casi 2 millones de refugiados sirios y palestinos.

El caso es que se me ocurren "actividades específicas" para mis alumnos de 1º Primaria: confeccionar en Plástica dos regalos para el día de la madre en vez de uno, y otros dos el día del padre, de modo que se preparen para esa posibilidad. Buscar una colección de cromos de alguna liga de fútbol mixta o intersexual para los tradicionales intercambios en el recreo. Elegir como día no lectivo escolar el día del orgullo gay. Otro día trataría de que vengan a clase los niños con el uniforme de las niñas, y al revés, y acudir así a la visita cultural al ayuntamiento (para mayor visibilidad). Hacer en Educación Física la semana del vestuario bisexual y que se cambien y duchen todos juntos con los profesores, la directora, y podemos invitar al inspector. Colocar en un lugar reservado, preferente y más visible en el festival de navidad a las parejas de mamás del APA que sean lesbianas.

Pienso que la administración no quiere que nos limitemos a colorear dibujos de familias o emoticonos con dos papás o con dos mamás. Pero debe ser consciente de que invitar a un miembro de la comunidad LGTB a la fiesta de la primavera puede quedar al mismo nivel que el cuentacuentos que viene a clase en el primer trimestre, y al payaso que acude en carnavales. Y esto se volvería en su contra. ¿Tiene sentido todo esto? ¿Es todo un sinsentido? Desde aquí al menos me lo parece.

Cuando estás con gente que trabaja sin descanso con los refugiados que huyen de la guerra ante el silencio de nuestros países tienes la impresión de que las prioridades educativas son otras. Cuando ves a un chico de ACNUR sudando por conseguir miles de almohadas porque mucha gente no tiene ni lo necesario para hacer un bulto en el que reposar su cabeza. Cuando ves que nadie les acoge en sus países porque hay miles de trabas o porque están jugando al Pokemon. Cuando ves a una niña sucia e inmóvil en una calle con la mano extendida y la mirada desecha, te preguntas por qué no hay en el calendario escolar del 2016-17 de todos los paises de Europa un día que haga algo visible la tragedia de 8 millones de niños sirios. Con todos mis respetos para la comunidad LGTB en este curso.

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«Confío en los profesores de este país»



"Confío en los profesores de este país"

Así me lo dijo ayer una chica con un aro en la nariz, madre de dos niños. Peluquera. No aprendió a leer hasta los 12 años. En la escuela unitaria de su pueblo no lograron más que eso. Luego salió para adelante, pero no quiso estudiar porque le daba miedo.

Hoy es una joven mamá de dos niños. Volvió a tener miedo cuando llevó al mayor al colegio público de su barrio… con su camiseta negra y su aro en la nariz. Pensaba que empezaba un calvario. Pero no. El mayor de 6 años ya sabe leer, habla y estudia en inglés, le gusta el colegio y es feliz. Y todo va bien. Y las profesoras se implican y tienen ganas, y tienen proyectos. Y son personas normales que trabajan bien y en acuerdo con los padres.

Ella está feliz. “Confío en los profesores de este país”, afirmó tranquilamente mientras me cortaba el pelo. “Todo ha cambiado. Es otra cosa. La gente no lo sabe, pero los profesores son muy buenos”.

Menos mal que la escuela en España funciona al margen de los políticos, porque si no, estaría como ellos creen que está, necesitada de constantes cambios y reformas de no se sabe qué. Desaciertan y vuelven a desacertar con el prejuicio de que Pisa…, la religión…, el fracaso escolar.

Si se asomarán a una escuela de barrio o al twitter o a los blogs de miles de maestros jóvenes verían que la educación está cambiando, ha cambiado y nadie lo sabe, salvo la gente real, claro.

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